jueves, 21 de junio de 2012

EL BOOM .......


EL BOOM DE LOS ‘90


Durante la última década (1990–2000), el sector minero mostró un dinamismo sin precedentes, resultado de una abundante inversión extranjera. El flujo de capitales mineros llegó a nuestro país gracias a la riqueza de su subsuelo y a su estabilidad política, social y económica. Las condiciones jurídico–institucionales ya existían a partir de 1974, pero serán el marco de estabilidad democrática y la amplia base de consensos políticos las que garantizarán este despegue.

La minería ha sido protagonista de la senda de crecimiento alto y sostenido que tuvo la economía chilena en la última década. Pese al freno tras la crisis asiática de 1997, el sector ha sostenido un crecimiento anual promedio en la producción de cobre entre 1998 y el año 2002 cercano al 6%, cifra muy superior al 3% de crecimiento anual del PIB nacional. De este modo, a pesar de los precios relativamente bajos de nuestros más importantes recursos metálicos, la participación de la minería en el PIB nacional aumentó de un 8% en 1997 a un 10% en el 2000.

Desde la promulgación del Estatuto de Inversión Extranjera hasta el año 2002 se han autorizado inversiones por US$ 86.695 millones14. De esta cifra US$ 37.635 millones corresponden a inversiones autorizadas para el sector minero, es decir, un 43% del total.
Los gastos estimados en exploración en Chile, en los últimos 10 años han oscilado entre 73 y 245 millones de dólares anuales, con un promedio anual para la década de 150 millones de dólares.

A su vez, el auge de la exploración permitió incrementar las reservas de cobre conocidas, lo que se refleja en el crecimiento de la superficie concesionada para la explotación minera, que subió desde 4 a 8,4 millones de hectáreas en el período señalado.

Otro factor básico para atraer inversiones a la minería chilena fue la calidad de sus recursos humanos. Nuestra gente, especialmente en el Norte, posee una sólida cultura y tradición minera y una creciente formación técnica en nuevas tecnologías, acentuada en la última década, a las cuales las empresas dedicaron importantes recursos en la capacitación de sus trabajadores.
La disposición en términos privilegiados de un bien estratégico, en condiciones de ser explotado por una adecuada infraestructura vial, energética y de comunicaciones –porcentaje sustantivo producto de la propia actividad minera–, una política económica responsable y expansiva, estabilidad democrática y el marco jurídico–institucional, juegan como atributos relevantes para impulsar el desarrollo de los negocios mineros en Chile.
El resultado es un boom económico y minero sin precedentes, y que marcará en el imaginario de Chile otra gran oportunidad histórica de desarrollo del país.

Efectos cuantitativos del boom
La inversión minera materializada entre 1990 y 2002 más de US$ 18.000 millones, que representa la proporción mayor del total de la inversión extranjera en el país.
La participación de las exportaciones de cobre en relación al total de envíos de Chile sigue siendo la más importante de nuestra economía. Las exportaciones de cobre son cercanas a los US$ 7 mil millones. En la ampliación y diversificación de otros productos de exportación, que refuerzan –como se aprecia en el Gráfico 5– la capacidad de inserción internacional de la economía chilena, es fundamental el rol de la minería como base de desarrollo de otras industrias exportadoras, por creación de infraestructura, retorno de divisas, balanza comercial, economías de escala.

Importancia de la Minería en Chile / 25
La participación de las exportaciones de cobre en relación al total de envíos de Chile sigue siendo la más importante de nuestra economía.
La base de esa capacidad exportadora de cobre de Chile está dada por la fuerte inversión en la exploración, que en los últimos 10 años –como se indicó– superó los US$ 1.500 millones. Ello ha derivado en que las reservas de cobre conocidas aumenten en Chile desde 97 millones de toneladas métricas (TM) en 1985 a 370 millones de TM al año 2000, lo que revela la confianza y visión de futuro de los inversionistas. Su efecto sobre el potencial productivo de Chile es enorme, creando –en definitiva– un poder exportador para el país de proyecciones de largo plazo, que no existiría sin esas inversiones.
Desde 1990 Chile ha triplicado su producción de cobre, llegando a aproximadamente 4,6 millones TM anuales. Esto ha significado que en estos últimos 12 años Chile aumente desde aproximadamente un 16% de su participación en la producción mundial de cobre a un 30% el año 2002 (Gráfico 9).


Ref. (Consejo Minero)

HISTORIA DE LA MINERIA EN CHILE


La minería chilena a través de la historia


Toda la historia de la minería en Chile, desde el siglo XVI hasta la fecha.

Siglo  XVI
La ensoñación de abundantes y fáciles riquezas motivó la conquista y colonización de Chile. De hecho, la explotación de lavaderos de oro fue la actividad más importante del el siglo XVI, llegando a decirse que el oro sustentó o afianzó la conquista. Se calcula que entre 1542 y 1560 se sacaron alrededor de 2.000 kilos de oro como promedio anual; rendimiento que no se debió tanto a la abundancia del oro mismo como al número de indígenas que fueron compulsivamente empleados en los lavaderos de oro.

Durante la conquista, las principales ciudades que fundaron los españoles, tanto en el norte como en el sur del país -La Serena, Concepción, Valdivia, Imperial y Villarrica- se erigieron cerca de terrenos auríferos.
El auge minero, sin embargo, fue tan espectacular como efímero. Hacia fines del siglo XVI la actividad aurífera entró en decadencia, en razón del agotamiento de los lavaderos y la disminución de la mano de obra indígena.

Siglo XVII

Las reformas comerciales introducidas por la corona española en el siglo XVIII, tuvieron profundas consecuencias económicas. El intenso comercio con las colonias tuvo como objetivo favorecer a la industria española, principalmente a través de la obtención de materias primas, siendo las más importantes los metales preciosos. Tal política selló el destino minero de las colonias como Chile que, por condiciones naturales, contaban con ventajas para adaptarse a ella. La minería adquirió un impulso espectacular mientras que la agricultura pasó a un lugar secundario y la artesanía se extinguió prácticamente.

En el siglo XVIII, la producción de oro se decuplica, la de plata aumenta más de 400 veces y la de cobre 20 veces. A fines del siglo, el cobre representaba, en el comercio de exportación a Lima, una cantidad similar a la del trigo. La producción de cobre durante la colonia se calcula entre 1.500 y 2.000 toneladas por año, utilizadas para fines decorativos, fabricación de utensilios, moneda, artillería y otros.
Por causa de un mercado inestable, alto precio de los fletes, una cadena de intermediarios que encarecían su precio, el país lograba exportar sólo unas 500 toneladas anuales de cobre. La situación cambiaría en el siglo XIX, al incorporarse el cobre al uso tecnológico derivado de la revolución industrial europea.

Dos importantes instituciones ligadas a la minería se formaron durante el siglo XVIII: la Real Casa de Moneda y el Real Tribunal de Minería. La primera, creada en 1750, obedeció al propósito de reponer anualmente el circulante que se fugaba por la intensificación de las importaciones; pero este mal no pudo ser remediado. El tribunal de minería administraba justicia en esta área: hacía cumplir la legislación minera, desempeñaba algunas funciones administrativas y, en general, se preocupaba del fomento de esta actividad.

La creación del tribunal puede ser entendida, en términos generales, como la preocupación de la Corona por proteger y fomentar las actividades mineras que le proporcionaban metales preciosos vitales para su economía.

Ref. (fundación Chile – Centro de Innovación)

CICLO ABIERTO


EL CICLO ABIERTO EN 1830


Los ciclos económicos más prósperos que se observan a partir de 1830 indicarán nuevamente que en Chile es posible construir un futuro desde la minería.
Ese primer ciclo estuvo ligado a la explotación de cobre y plata del Norte Chico. Hacia la cuarta década del siglo XIX, Chile se transforma en el primer productor de cobre en el mundo, posición que ocupará en las dos décadas que siguen. Si bien este dato tiene más relevancia histórica que económica, ya que el consumo de cobre era bastante menor a nivel mundial, será la primera vez que Chile se instale como actor minero estratégico y temprano en la historia mundial. Como vemos, al menos en términos relativos, la minería ya situaba a Chile como un país rico y líder en un sector en la primera cincuentena de nuestra historia independiente.
El segundo ciclo de bonanza tendrá que ver nuevamente con la minería, pero incorporará elementos que se harán comunes en la historia económica del país. Los ingresos provenientes del primer ciclo sentarán las bases para un segundo: hacia 1850, en la plenitud del auge de la minería del Norte Chico, se incorpora como factor de dinamismo económico un fuerte incremento en las exportaciones agropecuarias. Pero éstas pudieron salir de Chile utilizando la infraestructura portuaria y caminera que la minería contribuyó a crear.
El descubrimiento de nuevos yacimientos internacionalizó aún más la minería chilena con el “boom” de Caracoles, que si bien se encontraba en territorio boliviano, era explotado por chilenos. Y aunque estos dos primeros hitos no serán considerados más que como pequeños ciclos y su importancia económica menor, contribuirán de manera definitiva a sentar el primer quiebre en esa concepción de la carencia chilena.
Las bases ya enunciadas entrarían en escena tras la guerra del Pacifico, centralizando la economía chilena en la explotación del salitre durante los próximos 50 años.
Ref. (Conceso Minero)

CONCLUSIONES......



CONCLUSIONES A LA FECHA


La minería seguirá siendo, en consecuencia, un soporte La importancia de la actividad minera en el desarrollo de Chile como nación es, como se ve, indiscutible. Desde su Independencia, con el ciclo iniciado en 1830, se produjo un salto en la exploración y el emprendimiento, abriendo las puertas a descubrimientos de minerales que, como la plata de Chañarcillo, implicaron un suceso cualitativo en la conformación de la identidad minera del joven Estado chileno, refundado apenas un decenio desde la virtual quiebra en la que estaba tras las guerras libertadoras de América Latina.

La explotación del salitre en el Norte, a contar de 1880 y hasta 1930, dio cuenta de un nuevo período de riqueza nacional surgida desde la minería, con recursos que permitieron avances sustantivos en materias educacionales, sociales y políticas. Ese período cambió sustancialmente la geopolítica de Chile. Los capitales surgidos de la minería estimularon no sólo la creación de nuevos polos de población en todo el país, con la transformación de villorrios en pueblos y de éstos en ciudades; sino además una potente inmigración de profesionales, artesanos y trabajadores atraídos por la bonanza y la creación de una pujante clase media que comenzaría a presionar luego por estar presente en el ámbito de las decisiones públicas.

Con la declinación del salitre y la llegada de los capitales norteamericanos a la Gran Minería del Cobre a contar de los primeros años del siglo XX, Chile comenzará a generar recursos que dieron un impulso adicional a la conformación de la nueva estructura social chilena, en un proceso que se extendería hasta casi fines de la centuria y que posibilitó la maduración de la identidad minera del país desde la “viga maestra” o el “sueldo de Chile”, como bautizaron al metal rojo dos sucesivos mandatarios.
Aunque en las décadas de los años ‘70 y ‘80 se produjo en el país un cambio económico que potenció nuevos sectores exportadores, aprovechando las ventajas comparativas naturales que Chile tenía en áreas como la industria forestal, pesquera y frutícola, es evidente que la minería continuó –y continúa siendo– una llave maestra para el desarrollo nacional, hecho que, por lo demás, se sigue expresando en el alto porcentaje que la minería representa en el conjunto de nuestras ventas externas. Los especialistas coinciden, además, que su papel para los próximos años será también sustantivo, tanto en lo referido a la minería del cobre, como en otras áreas metálicas y no metálicas emergentes, vinculadas a las nuevas tecnologías y nuevos materiales que acompañarán el desarrollo humano del siglo XXI.



Ref. (Consejo Minero)

REDEFINICIONES...........


REDEFINICIONES


Aunque el período 1973–1982 está marcado por la exploración, se caracteriza por la escasa atracción de inversión minera hacia Chile. A pesar que en 1974 se dicta el Decreto Ley 600 sobre Inversión Extranjera, contrato ley que garantiza la invariabilidad en las reglas que regulan el ingreso de capitales extranjeros a Chile, el clima de incertidumbre jurídica e inestabilidad político–institucional desalentó la llegada de nuevos proyectos mineros, que requieren de escenarios largos de maduración. En este contexto, la crisis económica de 1981–82 activó en las autoridades de la época la necesidad de legislar para permitir una mayor apertura de la economía.

La Ley Orgánica Constitucional (LOC) de Concesiones Mineras estableció garantías de propiedad a los poseedores de las mismas e innovó en un punto fundamental: trasladó al Poder Judicial la resolución de los casos en que el Estado podía expropiar las pertenencias (mediatización del concepto de bien común) y, a su vez, facultó a los Tribunales de Justicia para conocer de manera exclusiva y excluyente si en la explotación del recurso se cumple o no con el interés público que la Constitución mandata.

La dictación de este estatuto jurídico no sólo respondió a necesidades económicas. Su orientación dice relación con un cambio de mentalidad respecto de la percepción del rol de la minería en el país y las orientaciones que determinarán esta industria en Chile. El criterio imperante, previo a la dictación de la LOC de Concesiones Mineras, respondía a la necesidad de proceder a una explotación acelerada del cobre, al que se le consideraba en riesgo de sustitución u obsolescencia por efecto del desarrollo tecnológico.
Por otra parte las autoridades de la época deciden desechar la posibilidad de llevar adelante una política de control de precios de mercado, iniciada con la renuncia de Chile a la desaparecida Comisión Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre (CIPEC), al tiempo que aumentaban la producción de cobre.

22 / La Responsabilidad Social en la Gran Minería
La Ley Orgánica Constitucional (LOC) de Concesiones Mineras estableció garantías de propiedad a los poseedores de las mismas e innovó en un punto fundamental: trasladó al Poder Judicial la resolución de los casos en que el Estado podía expropiar las pertenencias.
Este marco coincide con una de las mayores recesiones económicas mundiales, que en Chile tuvo consecuencias severas, marcando un retroceso que no se revertirá hasta la segunda mitad de la década de los 80’. A partir de 1985, en las condiciones de un itinerario institucional de transición diseñado hasta 1989, de condiciones jurídico–económicas creadas en la década de los 70 y de la nueva visión sobre la minería que se instala en el país, se crean condiciones de recuperación de la actividad minera, que van a demorar casi un lustro en dar sus primeros frutos. El despliegue de la minería va a coincidir, finalmente, con el retorno a la democracia.


Ref. (Consejo Minero)

EL SALITRE EN CHILE


EL SALITRE (1880 – 1930)




Las principales características del salitre, que determinaban su creciente demanda y precio, tenían que ver con condiciones geo–políticas y geo–económicas que se perfilaban en el mundo durante el siglo XIX.

Los ciclos económicos más prósperos que se observan a partir de 1830 indicarán nuevamente que en Chile es posible construir un futuro desde la minería.
La creación de los estados nacionales en Alemania e Italia y las crisis de los Imperios hacia fines de ese siglo determinaron un escenario de constante conflicto bélico. El nitrato era el insumo clave para la fabricación de explosivos. Por su parte, los avances en medicina y la creciente urbanización determinaron una fuerte explosión demográfica, volcando a los países a buscar la mejor forma de hacer rendir sus campos para alimentar a una población cada vez más numerosa. El fertilizante de esos años era el salitre.
Al tiempo que se generaban estas extraordinarias condiciones que aseguraban una demanda constante de nitrato, el país salía victorioso de la Guerra del Pacifico. Los grandes yacimientos salitreros de las provincias de Tarapacá y Antofagasta, que ya habían sido explotados por capitales chilenos en la década del 60, tenían además dos importantes ventajas comparativas: primero, grandes depósitos con alto contenido de nitrato; y segundo, una distancia al mar de no más de 80 kilómetros.
Chile se transformó en el mayor productor de nitrato del mundo. Entre 1880 y 1930 las exportaciones salitreras constituyeron el área más importante de la economía chilena.
Veamos las características de la industria minera del salitre y su impacto en la economía del siglo XIX:
·         Entre 1880 y 1920 la tasa de crecimiento en la producción de salitre se ubica en torno al 6% anual.
·         La industria salitrera requería poca tecnología y una gran fuerza laboral. La tasa laboral fluctuó en rangos cercanos a las 30.000 personas.
·         Como porcentaje de las exportaciones, los primeros años de explotación significaron un 40% de las exportaciones totales del país, para llegar a constituir un 70% en plena I Guerra Mundial.
·         La contribución al PIB fluctuó alrededor del 30% durante el período 1900–1920, mientras que las exportaciones aumentaron desde US$ 6,3 millones en 1880 a US$ 70 millones en 1928.
·         En cuanto a los tributos cancelados, estos fluctuaron desde US$ 1 millón en 1880 a más de US$ 20 millones en los primeros años del siglo XX, lo que constituía casi el 50% de los impuestos totales entre 1895 y 1920.
·         Estas circunstancias económicas van a determinar la aparición de un nuevo tipo de Estado, con una mayor participación en la economía. Mientras en 1880 el gasto del Gobierno, como porcentaje del PIB, representaba una cifra del orden del 5% al 6%, para 1920 llegaba a un 14%, iniciando una fase de constante expansión que no se detendría hasta la década de los ‘80.
·         La contribución al PIB fluctuó alrededor del 30% durante el período 1900–1920, mientras que las exportaciones aumentaron desde US$ 6,3 millones en 1880 a US$ 70 millones en 1928.

El nuevo Estado que emerge contará, por primera vez en la historia, con recursos y divisas en aumento que se trasformarán en un creciente gasto público y mayor bienestar para los chilenos. Reseñando el impacto social de estos recursos, Patricio Meller en su libro “Un siglo de economía política en Chile” señala que si para 1860 había 18.000 estudiantes en las escuelas básicas y 2.200 en las escuelas medias del sistema público, hacia 1900 la cifra llegaba a 157.000 y 12.600 respectivamente, para instalarse, en 1920, en 346.000 y 49.00010.
Producto de la actividad minera, para 1920 el 44% de las inversiones necesarias para “achicar” el país provenían del salitre, mediante la ampliación de la cobertura de ferrocarriles que pasan desde 1.106 kilómetros de vías en 1890 a 4.579 kilómetros en 1920.
Pese a estas cifras, se instaló en Chile la idea de la “oportunidad pérdida” con el boom del salitre. Sin embargo, las nuevas corrientes historiográficas y el análisis de las variables económicas de esos años, tienden a situar el “error” fuera del esquema de la minería y se le ubica más bien en las políticas fiscales implementadas por las autoridades de la época.
Al mismo tiempo que crecía el gasto fiscal, se sustituían impuestos con cargo a los ingresos de la tributación del salitre. Se eliminaron impuestos como la alcabala, que gravaba a la maquinaria agrícola y a la renta, por montos cercanos a los US$ 815 millones en 50 años.
Estamos, pues, en presencia de una estructura fiscal que incubaría serios problemas potenciales: por un lado, gasto fiscal creciente y rígido, ya que gran parte de las necesidades las debía asumir el Estado, generando aumento del empleo público; y, por otro, una estructura tributaria que dependía fundamentalmente de un solo ítem, expuesto además a fluctuaciones externas.
Si para 1860 había 18.000 estudiantes en las escuelas básicas y 2.200 en las escuelas medias del sistema público, hacia 1900 la cifra llegaba a 157.000 y 12.600 respectivamente, para instalarse, en 1920, en 346.000 y 49.000.
Las cifras macroeconómicas de la época muestran cómo el Estado chileno retuvo una parte importante de los excedentes generados por el salitre y que éste fue utilizado para financiar infraestructura social y física.
En cifras actualizadas, el aporte del salitre a la economía chilena entre 1880–1930 fue el siguiente:
·         Incremento en la riqueza de Chile en US$ 3.500 millones.
·         Impuestos recaudados iguales a 1/3 de todas las exportaciones del salitre.
·         27,6% de aumento de la renta per cápita.
·         Inversión en obras públicas, industria, agricultura y ferrocarriles por US$ 1.106 millones.
·         Reducción de impuestos de US$ 815 millones.
·         El auge de las exportaciones salitreras dio un fuerte impulso al sector externo chileno, transformándolo en el motor del crecimiento y generando dos cambios estructurales fundamentales en la economía chilena: primero, los inversionistas extranjeros llegaron a ser agentes importantes, principalmente en el sector minero exportador; segundo, a pesar del laissez–faire predominante, el gobierno comenzó a adquirir un papel cada vez más protagónico en la economía debido a los grandes ingresos tributarios generados por las exportaciones salitreras.


Ref. (Consejo Minero)

EL COBRE EN CHILE

EL COBRE (1920 – 1971)


El auge y desarrollo del cobre comparte características similares con el salitre, pero su impacto en la economía está determinado por una gran diferencia. El cobre, hasta muy entrado el siglo XX, no tuvo la importancia económica relativa del salitre. En la segunda mitad del siglo XIX el cobre era ya uno de los principales productos chilenos de exportación. Sin embargo, esta industria nos parecería hoy irreconocible, pues estaba basada en la extracción en un gran número de pequeños yacimientos de muy buenas leyes y con alta ocupación de mano de obra.

El verdadero boom de la industria cuprera estuvo determinado por un brusco aumento de la demanda mundial, debido a la aparición de la industria eléctrica, la expansión del sector de la construcción y una importante innovación tecnológica en Estados Unidos, que hizo rentable la explotación en gran escala de minerales con bajo contenido de cobre (1%–2%).
En este contexto, para 1904 se iniciaron las faenas en El Teniente y para 1911 en Chuquicamata. Las inversiones de estos dos proyectos significaron un flujo de capitales externos de más de US$ 200 millones de la época, para llegar a producir en 1924 185 mil TM y representar, por sí solas, el 80% de la producción chilena. Había nacido un nuevo actor que se relacionará sustantivamente con la historia económica y política del país del siglo XX: la Gran Minería del Cobre.

El impacto de la minería en la economía del país se medirá, en lo sucesivo, en capital, tecnología moderna y confianza de los inversionistas extranjeros.
La proporción de las utilidades brutas de la producción de la Gran Minería del Cobre que quedó en Chile y la relación entre el gobierno y las empresas mineras, observa tres períodos claramente definidos.
Antes de 1925, la presencia del salitre proporcionaba suficientes ingresos al gobierno –que mantuvo la política de laissez–faire– con una tasa de tributación del orden del 1% de las ventas totales.

20 / La Responsabilidad Social en la Gran Minería
El auge de las exportaciones salitreras dio un fuerte impulso al sector externo chileno, transformándolo en el motor del crecimiento y generando dos cambios estructurales fundamentales en la economía chilena: primero, los inversionistas extranjeros llegaron a ser agentes importantes, principalmente en el sector minero exportador; segundo, a pesar del laissez–faire predominante, el gobierno comenzó a adquirir un papel cada vez más protagónico en la economía.
Entre 1925–60, el trauma del salitre marca las políticas del Estado chileno, orientadas a reducir las características de enclave minero, conectar la Gran Minería del Cobre (GMC) a la economía chilena y utilizar sus excedentes para impulsar el desarrollo económico. La principal herramienta fue impositiva, al punto que para la década de los ‘50 el 60% de la tributación total correspondía a la GMC, mientras la tasa promedio del período fue de un 38%. Chile captaba entonces el 61% de las utilidades brutas de las exportaciones de la GMC. Sin embargo, será otro el gran aporte de la minería a la economía chilena: los costos salariales. Pese a que menos del 1% de la fuerza de trabajo laboraba en esta actividad, junto a la GMC surgieron salarios y sindicalización a tasas desconocidas en estas latitudes.
Entre 1960–1971, se instala la preocupación en torno a que las firmas norteamericanas no estuvieran expandiendo la producción de cobre en concordancia con los objetivos nacionales. La principal demanda fue entonces el aumento de la inversión. Aunque la participación nacional en las exportaciones de la GMC se elevó a 66% durante la década de 1960, se pensaba que el cobre era demasiado importante para el desarrollo de Chile como para que estuviera bajo control extranjero. De este modo, la cuestión de la participación chilena en las decisiones referentes a la producción y la inversión en el cobre se transformó en el tema fundamental del proceso de negociación entre el Estado chileno y las firmas norteamericanas, proceso que culmina con la nacionalización de la GMC bajo el gobierno de Salvador Allende.

Ahora bien, las remesas de utilidades y amortización del capital de estas compañías representaron el 1%–2% del PIB en el período 1950–1970, mientras que la inversión interna total era de alrededor del 20% del PIB.
Otro fenómeno que marca la discusión de esos años y que adquiere un carácter fundamental al inicio del siglo XXI dice relación con los efectos que un ambiente de inestabilidad puede crear sobre una industria como la minería. Patricio Meller indica, en este sentido, que pese a que las tasas de retorno de las multinacionales del cobre fueron de por lo menos 19% al año en Chile (en otras regiones obtenían menos de 10%), la participación chilena en la producción mundial de cobre declinó desde el 21% (1945–49) al 15% (1950–59) y 14% (1960–70).

La explicación de esta variable parece radicar tanto en los impuestos directos que afectaban a esta industria y las políticas cambiarias aplicadas de manera dual, con un dólar sobrevaluado para las exportaciones de cobre –lo que generaba una mayor transferencia– mientras la producción de transables para la economía interna estaba protegida por un complejo sistema de aranceles altos que evitaba la desindustrialización de un país embarcado en una política de sustitución de importaciones.
Importancia de la Minería en Chile / 21.

Entre 1925–60, el trauma del salitre marca las políticas del Estado chileno, orientadas a reducir las características de enclave minero, conectar la Gran Minería del Cobre (GMC) a la economía chilena y utilizar sus excedentes para impulsar el desarrollo económico.
La creación en 1955 del Departamento del Cobre, dependiente del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, para supervisar las operaciones de las firmas norteamericanas de la GMC y recopilar estadísticas sobre producción física, precios, tributación, utilidades y otros ítems, genera profesionales chilenos, ingenieros, economistas, contadores y abogados, que marcan un salto cualitativo en la creación de know how y competencia del capital humano nacional.

A mediados de los ‘60 surge una profunda discrepancia entre las empresas norteamericanas del cobre y el gobierno chileno respecto de las decisiones de inversión y de expansión de la producción, exigido éste último por una explosión de expectativas políticas y sociales que le demanda mayores recursos.
Por otro lado, a contar de 1970, otros factores influyen decisivamente en el proceso económico. La desconfianza de los inversionistas norteamericanos en un ambiente enrarecido por revoluciones y “cuartelazos” en América Latina y la intervención estadounidense en los precios y producción del cobre en períodos de guerra, contribuyeron a generar un ambiente de mutuo recelo que terminó en un proceso creciente de nacionalización, que creó bases de desarrollo económico para el país, pero que también congeló por espacio de 20 años la entrada de nuevos capitales y tecnología.



Ref. (Consejo Minero)